Re: Pan y palabras
Publicado: Mar 21 Jun, 2011 22:47
Unos párrafos, para mi deliciosos, de la novela Afrodita (Isabel Allende)
No recomiendo hacer pan, puede convertirse en una pasión peligrosa. Pronto las consecuencias fueron notorias en la cintura de los adultos y el rechazo inconmovible de los niños por alimentarse con proteínas o vegetales, sólo querían roscas, bollos, trenzas y otras delicias....
Como la poesía, el pan es una vocación algo melancólica, cuyo primordial requisito es tiempo libre para el alma. El poeta y el panadero son hermanos en la esencial tarea de alimentar al mundo....
La gente que necesita experimentar todo, aunque sea una sola vez, tarde o temprano cae en la tentación de hacer pan...
En un cuento de Guy de Maupassant, una joven sirvienta de una casa burguesa va con un canasto bajo el brazo a comprar el pan de cada mañana. Por un ventanuco espía al joven panadero amasando y se lleva consigo la imagen de sus anchas espaldas, sus brazos poderosos, la piel brillante de sudor y esas manos sensuales sobando y sobando la masa con determinación de amante, tal como ella quisiera ser tocada...
Hay manos de manos, unas pesadas y torpes, otras pequeñas y fuertes, las hay livianas y temerosas, otras grandes y gentiles, pero para hacer pan y para hacer el amor, lo que importa, es la intención que guía la mano....
Recuerdo la cocina de un convento en Bruselas, donde presencié, reverente, la misteriosa cópula de la levadura, la harina y el agua. Una monja sin hábito, preparaba el pan en moldes redondos y rectangulares, los cubría con un paño blanco mil veces lavado y vuelto a lavar, y los dejaba reposar junto a la ventana, sobre un mesón de madera medieval. Mientras ella trabajaba en otro extremo de la cocina, se producía el sencillo milagro cotidiano de la harina y la poesía, el contenido de los moldes cobraba vida y un proceso lento y sensual se desarrollaba bajo esas blancas servilletas que, como sábanas discretas, cubrían la desnudez de la hogaza. La masa cruda se hinchaba en suspiros secretos, se movía suavemente, palpitaba como cuerpo de mujer en la entrega del amor. El olor ácido de la masa en fermento, se mezclaba con el aliento intenso y vigoroso de los panes recién horneados.Y yo, sentada sobre un banquillo de penitente, en un rincón oscuro de esa vasta habitación de piedra, inmersa en el calor y la fragancia de aquel misterioso proceso, lloraba sin saber por qué...
No recomiendo hacer pan, puede convertirse en una pasión peligrosa. Pronto las consecuencias fueron notorias en la cintura de los adultos y el rechazo inconmovible de los niños por alimentarse con proteínas o vegetales, sólo querían roscas, bollos, trenzas y otras delicias....
Como la poesía, el pan es una vocación algo melancólica, cuyo primordial requisito es tiempo libre para el alma. El poeta y el panadero son hermanos en la esencial tarea de alimentar al mundo....
La gente que necesita experimentar todo, aunque sea una sola vez, tarde o temprano cae en la tentación de hacer pan...
En un cuento de Guy de Maupassant, una joven sirvienta de una casa burguesa va con un canasto bajo el brazo a comprar el pan de cada mañana. Por un ventanuco espía al joven panadero amasando y se lleva consigo la imagen de sus anchas espaldas, sus brazos poderosos, la piel brillante de sudor y esas manos sensuales sobando y sobando la masa con determinación de amante, tal como ella quisiera ser tocada...
Hay manos de manos, unas pesadas y torpes, otras pequeñas y fuertes, las hay livianas y temerosas, otras grandes y gentiles, pero para hacer pan y para hacer el amor, lo que importa, es la intención que guía la mano....
Recuerdo la cocina de un convento en Bruselas, donde presencié, reverente, la misteriosa cópula de la levadura, la harina y el agua. Una monja sin hábito, preparaba el pan en moldes redondos y rectangulares, los cubría con un paño blanco mil veces lavado y vuelto a lavar, y los dejaba reposar junto a la ventana, sobre un mesón de madera medieval. Mientras ella trabajaba en otro extremo de la cocina, se producía el sencillo milagro cotidiano de la harina y la poesía, el contenido de los moldes cobraba vida y un proceso lento y sensual se desarrollaba bajo esas blancas servilletas que, como sábanas discretas, cubrían la desnudez de la hogaza. La masa cruda se hinchaba en suspiros secretos, se movía suavemente, palpitaba como cuerpo de mujer en la entrega del amor. El olor ácido de la masa en fermento, se mezclaba con el aliento intenso y vigoroso de los panes recién horneados.Y yo, sentada sobre un banquillo de penitente, en un rincón oscuro de esa vasta habitación de piedra, inmersa en el calor y la fragancia de aquel misterioso proceso, lloraba sin saber por qué...
